Cierto es que ando poco por aquí, y más cierto, que la forma de andar es poco variada. Ya no
sé si tengo un blog o un diario personal. Eso me preocupa poco, más preocupa
las sensaciones que deja el mismo; tristeza, melancolía… Vamos, que un Sábado Santo
lo convierte mi literatura en un par de castañuelas.
Debo confesar que en la intentona de novela-folletín a la que
dedico algunos ratitos ya ha habido un intento de suicidio, una traición, una
boda no deseada, y la próxima vez que me ponga tengo que sacar algún personaje
nuevo porque ya he dado sepultura a dos, y eso que está ambientada en una de
las ciudades más alegres del mundo, Sevilla, si la llego a ambientar en las
playas de Utha (Normandía)…
Pues no, no soy así y me molestan esas vestiduras. Libro
batallas, supongo que como cualquiera, algunas las gano y otras las pierdo.
Cuando gano, lo disfruto y punto. Cuando la victoria no es posible, las heridas
manan tinta que riegan folios en blanco.
No me gusta ni la chicha ni la limoná, mojar por donde pase
no es mi objetivo, quiero más, eso sí, sin molestar, ni exigir, ni empujar.
Prometo enseñar mis dientes. Sin enseñar colmillos solo verás
mi sonrisa.
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