lunes, 26 de junio de 2017

MARTITA; AMSTERDAM Y LA FABRICA DE SALCHICHAS.



Pues sí, ya le tocó a uno de los nuestros, en este caso utilicemos el género correctamente, una de las nuestras. 

A la hora que aporreo el ordenador, debe de estar ella con ese cosquilleo que se repite cada vez que unos se pone a prueba. Objetivo: Perfeccionar el inglés sin que cueste mucho a la familia. 

La verdad es que no es nada nuevo para muchos de nuestros jóvenes, ya sea de au pair, de camarero, o en este caso en una fábrica de elaborados cárnicos, la posibilidad  de empezar a volar  está lejos del nido; del cariño, del desahogo, de la comprensión que se encuentra en la familia. 

Seguro que no será fácil, pero conociendo su solvencia a la hora de afrontar retos, disfrutará de los logros conseguidos luciendo la mejor de sus sonrisas y por supuesto, porque ya lo hizo, sabrá lamerse las heridas.

Yo que soy un poco frívolo a la hora de catalogar a la juventud, me tengo que quitar el sombrero y expresar mi admiración a tantos valientes que afrontan ese tipo de retos. Porque éstos portan tantos tatuajes en la piel como cicatrices en el alma. 
 

miércoles, 21 de junio de 2017

MI SANTUARIO



Si mi habitación fue mi mundo, el escritorio fue mi santuario, mi arcadia.

           Una maravilla para los actuales amantes del arte deco. No sé cómo llegó a casa pero si puedo decir que fue un amor a primera vista. Escritorio, secreter, confidente…

          Color pajizo, un poco desvencijado por la edad, espesa capa de barniz cual maquillaje que viene a recordar la belleza de lo nuevo. Artrósicas bisagras con su chirriante lamento. Males crónicos pero no mortales. Tratamiento: caricias, muchas caricias.

            Perfume fuerte, quizás incluso ajado. Con carácter. Fácilmente reconocible.

            Cerrado era simple, feote, sin ningún encanto. Liso, con una pequeña cerradura mellada.

           Abierto, era un cielo lleno de estrellas para un nostálgico que atesoraba fetiches de vivencias que amaba y que no quería dejar escarpar entre páginas de un libro, cajones violados por manos insensibles, arrollados por una limpieza despiadada. Recuerdos a veces utilizados para la mofa y el escarnio. Es curioso como una cosa puede significar el todo y la nada, la risa y el llanto.

           Cajoncitos y pequeños balconcillos donde colocar todo lo que en esa edad es importante y que luego pasan a ser ñoños recuerdos cubiertos por el polvo del olvido.
  
           Ahora, que no peino, todo es distinto. Poder oler, ver, tocar, escribir sobre él sería como tener la quimérica posibilidad de volver a empezar. De agarrar con fuerza lo que nunca debí dejar escapar, de sonreír a los recuerdos que te azoraban el alma.

            Y de todo eso, yo tenía la llave.

martes, 20 de junio de 2017

MI PEQUEÑA HABITACIÓN



Al hilo de la conversación que mantenía hace unas semanas con un pequeño constructor, mientras seguíamos el partido de fútbol que jugaban nuestros hijos, sobre el repunte de la construcción en estos últimos meses. Me decía que, al menos él, tenía o pequeñas reformas o grandes casas, lo que ahora se le llaman “casoplones” y que tan de moda han puesto los programas de televisión.  Paradojas de la vida; el sector sube señalando la desigualdad.

Introducción aparte, y sin perder el hilo, mi madre me recordaba hace unos días lo que me gustaba mi pequeña habitación y las horas que pasaba en ella. Pues sí, mi cuarto era lo más pequeño de una casa grande y en ella, cohabitaban (todos sus elementos alcanzaban vida propia) una cama, una minúscula mesita de noche, una silla muy rústica y un maravilloso escritorio que ahora llaman secreter. Era mi mundo. Un mundo sin ropero, por cierto.  

En la conversación con ella, le hacía entender que pasar de compartir habitación con mi hermano mayor, al que, directa o indirectamente había que rendir vasallaje, a tener un espacio para uno solo, donde el gobierno del mismo me correspondía, significó un hito importante en el tan difícil y deseado paso de la infancia a la juventud. 

Ella me confesó que había sentido lo mismo cuando, después de casarse, le dieron a mi padre destino en Tocina. Ella pasó de sentirse “sirvienta” en la gran casa en la que vivía holgadamente con sus ocho hermanos a sentirse “reina” en el pequeño piso donde comenzó a formar su familia. 

La libertad nos compensó las carencias.

La silla, principalmente sirvió para lo que sirve una silla y esporádicamente como escalera para poder colgar en la pared o para ocasionalmente limpiar la pequeña lámpara que pendía del techo.

La mesita de noche, pequeñísima, apenas soportaba un despertador, al que hice trabajar de lo lindo,  y un taruguito de madera con un motivo religioso incrustado. 

La cama acunó sueños y desvelos  típicos de la edad, más alguno que adopté y que terminó martirizándome. En lo que al sexo se refiere, nos fuimos fieles sin perder la virginidad.    

Si mi habitación fue mi mundo, el escritorio fue mi santuario…

lunes, 19 de junio de 2017

ON



Con la única intención de que no sea más que una declaración de intenciones; desempolvar teclas, engrasar bits, despertar rincones del cerebro, y atenderte a ti que empujas y empujas porque te gusta y te hace feliz verme en movimiento. 

Las piezas han ido encajando lentamente para ponerme delante de este espejo, de esta ventana. Es el momento. 

Sin miedos, por el respeto que le tengo a las heridas y al tiempo que tardaron en cicatrizar, iré desgranando mis sentimientos, saldando deudas, y espero que en los menos casos, ajustándolas, aunque con el compromiso de no cerrar nunca la puerta a esos valores que me trajeron hasta aquí.

Con muchas ganas, porque el escribir me desahoga, me libera, me da ese puntito de satisfacción que viene al alma lo que al cuerpo una caricia. 

Con ilusión, porque es el motor de todo lo que empieza. 

Con la certeza de que me servirá.  Con la esperanza de que te sirva.

Y con amor, mucho amor.  

viernes, 29 de abril de 2016

AL PRESIDENTE SUÁREZ



Si hay un personaje que me apasione de la historia política de mi país, ese es sin duda Adolfo Suárez, primer presidente del gobierno tras la dictadura del general Franco. 

Creo que es la primera vez que escribo sobre tan insigne mandatario y difícil será que mis palabras estén a su altura. Tampoco lo pretendo; ni estar a la altura, ni glosar en este post toda su trayectoria, entre otras cosas, porque me gusta  para éste, mi blog, las entradas breves. 

Vengo leyendo, gracias a uno de mis grandes asesores literarios, mi padre, el libro de “LA GRAN DESMEMORIA” de la periodista Pilar Urbano. En él, entre otras muchas cosas de lo que denominamos la transición, habla de la relación del presidente español con su homólogo francés. 

Y es aquí, en los gestos, donde me quito el sombrero ante este político. Siendo el último gesto, como presidente de todos los españoles, el más conocido; su gallardía, junto a la de su amigo Gutiérrez Mellado en la intentona golpista de 23F, hoy resaltaré el que tuvo en una comida con el presidente francés, Giscard d’Estaing.

Primero, os pongo en antecedentes.  Suárez, “aconsejado” por el rey Juan Carlos, hace su primera visita a Francia donde queda sorprendido y más que disgustado al conocer que no había  prevista una audiencia con el presidente Giscard. 

Al poco tiempo repitió visita, ahora sí, con audiencia del presidente francés. Este último lo recibió en el palacio del Elíseo. El despacho estaba al final de un largo pasillo con espléndidos cuadros a ambos lados. Al final del largo corredor, dos ujieres perfectamente ataviados hacían guardia,  y dentro de él estaba el presidente francés majestuoso observando a Suárez como se dirigía hacia él. Eso de que el presidente francés no saliera a su encuentro no le gustó nada al presidente español y se paró en seco ante uno de los cuadros que flanqueaban su “paseíllo”, haciendo observaciones sobre el mismo, obligó a Giscard a salir de su despacho y encontrarse con el mandatario español a mitad de camino. 

En otra ocasión, en un almuerzo con el presidente de los franceses, haciendo de nuevo gestos altivos ante él, Giscard le ofreció, alardeando en exceso los vinos franceses, un Château Latour de gran añada. Cuando el sumiller fue a servir el vino, Suárez puso la mano en su copa mirando la cara de sorpresa de su homólogo  y dijo “soy de tierra de vinos, pero hoy tomaré leche”.
Aquí lo dejo, añadir algo más sería una soberana equivocación.

Buen puente de Mayo.