miércoles, 21 de junio de 2017

MI SANTUARIO



Si mi habitación fue mi mundo, el escritorio fue mi santuario, mi arcadia.

           Una maravilla para los actuales amantes del arte deco. No sé cómo llegó a casa pero si puedo decir que fue un amor a primera vista. Escritorio, secreter, confidente…

          Color pajizo, un poco desvencijado por la edad, espesa capa de barniz cual maquillaje que viene a recordar la belleza de lo nuevo. Artrósicas bisagras con su chirriante lamento. Males crónicos pero no mortales. Tratamiento: caricias, muchas caricias.

            Perfume fuerte, quizás incluso ajado. Con carácter. Fácilmente reconocible.

            Cerrado era simple, feote, sin ningún encanto. Liso, con una pequeña cerradura mellada.

           Abierto, era un cielo lleno de estrellas para un nostálgico que atesoraba fetiches de vivencias que amaba y que no quería dejar escarpar entre páginas de un libro, cajones violados por manos insensibles, arrollados por una limpieza despiadada. Recuerdos a veces utilizados para la mofa y el escarnio. Es curioso como una cosa puede significar el todo y la nada, la risa y el llanto.

           Cajoncitos y pequeños balconcillos donde colocar todo lo que en esa edad es importante y que luego pasan a ser ñoños recuerdos cubiertos por el polvo del olvido.
  
           Ahora, que no peino, todo es distinto. Poder oler, ver, tocar, escribir sobre él sería como tener la quimérica posibilidad de volver a empezar. De agarrar con fuerza lo que nunca debí dejar escapar, de sonreír a los recuerdos que te azoraban el alma.

            Y de todo eso, yo tenía la llave.

martes, 20 de junio de 2017

MI PEQUEÑA HABITACIÓN



Al hilo de la conversación que mantenía hace unas semanas con un pequeño constructor, mientras seguíamos el partido de fútbol que jugaban nuestros hijos, sobre el repunte de la construcción en estos últimos meses. Me decía que, al menos él, tenía o pequeñas reformas o grandes casas, lo que ahora se le llaman “casoplones” y que tan de moda han puesto los programas de televisión.  Paradojas de la vida; el sector sube señalando la desigualdad.

Introducción aparte, y sin perder el hilo, mi madre me recordaba hace unos días lo que me gustaba mi pequeña habitación y las horas que pasaba en ella. Pues sí, mi cuarto era lo más pequeño de una casa grande y en ella, cohabitaban (todos sus elementos alcanzaban vida propia) una cama, una minúscula mesita de noche, una silla muy rústica y un maravilloso escritorio que ahora llaman secreter. Era mi mundo. Un mundo sin ropero, por cierto.  

En la conversación con ella, le hacía entender que pasar de compartir habitación con mi hermano mayor, al que, directa o indirectamente había que rendir vasallaje, a tener un espacio para uno solo, donde el gobierno del mismo me correspondía, significó un hito importante en el tan difícil y deseado paso de la infancia a la juventud. 

Ella me confesó que había sentido lo mismo cuando, después de casarse, le dieron a mi padre destino en Tocina. Ella pasó de sentirse “sirvienta” en la gran casa en la que vivía holgadamente con sus ocho hermanos a sentirse “reina” en el pequeño piso donde comenzó a formar su familia. 

La libertad nos compensó las carencias.

La silla, principalmente sirvió para lo que sirve una silla y esporádicamente como escalera para poder colgar en la pared o para ocasionalmente limpiar la pequeña lámpara que pendía del techo.

La mesita de noche, pequeñísima, apenas soportaba un despertador, al que hice trabajar de lo lindo,  y un taruguito de madera con un motivo religioso incrustado. 

La cama acunó sueños y desvelos  típicos de la edad, más alguno que adopté y que terminó martirizándome. En lo que al sexo se refiere, nos fuimos fieles sin perder la virginidad.    

Si mi habitación fue mi mundo, el escritorio fue mi santuario…

lunes, 19 de junio de 2017

ON



Con la única intención de que no sea más que una declaración de intenciones; desempolvar teclas, engrasar bits, despertar rincones del cerebro, y atenderte a ti que empujas y empujas porque te gusta y te hace feliz verme en movimiento. 

Las piezas han ido encajando lentamente para ponerme delante de este espejo, de esta ventana. Es el momento. 

Sin miedos, por el respeto que le tengo a las heridas y al tiempo que tardaron en cicatrizar, iré desgranando mis sentimientos, saldando deudas, y espero que en los menos casos, ajustándolas, aunque con el compromiso de no cerrar nunca la puerta a esos valores que me trajeron hasta aquí.

Con muchas ganas, porque el escribir me desahoga, me libera, me da ese puntito de satisfacción que viene al alma lo que al cuerpo una caricia. 

Con ilusión, porque es el motor de todo lo que empieza. 

Con la certeza de que me servirá.  Con la esperanza de que te sirva.

Y con amor, mucho amor.  

viernes, 29 de abril de 2016

AL PRESIDENTE SUÁREZ



Si hay un personaje que me apasione de la historia política de mi país, ese es sin duda Adolfo Suárez, primer presidente del gobierno tras la dictadura del general Franco. 

Creo que es la primera vez que escribo sobre tan insigne mandatario y difícil será que mis palabras estén a su altura. Tampoco lo pretendo; ni estar a la altura, ni glosar en este post toda su trayectoria, entre otras cosas, porque me gusta  para éste, mi blog, las entradas breves. 

Vengo leyendo, gracias a uno de mis grandes asesores literarios, mi padre, el libro de “LA GRAN DESMEMORIA” de la periodista Pilar Urbano. En él, entre otras muchas cosas de lo que denominamos la transición, habla de la relación del presidente español con su homólogo francés. 

Y es aquí, en los gestos, donde me quito el sombrero ante este político. Siendo el último gesto, como presidente de todos los españoles, el más conocido; su gallardía, junto a la de su amigo Gutiérrez Mellado en la intentona golpista de 23F, hoy resaltaré el que tuvo en una comida con el presidente francés, Giscard d’Estaing.

Primero, os pongo en antecedentes.  Suárez, “aconsejado” por el rey Juan Carlos, hace su primera visita a Francia donde queda sorprendido y más que disgustado al conocer que no había  prevista una audiencia con el presidente Giscard. 

Al poco tiempo repitió visita, ahora sí, con audiencia del presidente francés. Este último lo recibió en el palacio del Elíseo. El despacho estaba al final de un largo pasillo con espléndidos cuadros a ambos lados. Al final del largo corredor, dos ujieres perfectamente ataviados hacían guardia,  y dentro de él estaba el presidente francés majestuoso observando a Suárez como se dirigía hacia él. Eso de que el presidente francés no saliera a su encuentro no le gustó nada al presidente español y se paró en seco ante uno de los cuadros que flanqueaban su “paseíllo”, haciendo observaciones sobre el mismo, obligó a Giscard a salir de su despacho y encontrarse con el mandatario español a mitad de camino. 

En otra ocasión, en un almuerzo con el presidente de los franceses, haciendo de nuevo gestos altivos ante él, Giscard le ofreció, alardeando en exceso los vinos franceses, un Château Latour de gran añada. Cuando el sumiller fue a servir el vino, Suárez puso la mano en su copa mirando la cara de sorpresa de su homólogo  y dijo “soy de tierra de vinos, pero hoy tomaré leche”.
Aquí lo dejo, añadir algo más sería una soberana equivocación.

Buen puente de Mayo.

miércoles, 20 de abril de 2016

MOTIVADAS Y TÓXICAS


Andamos bombardeados por cómo encontrar el santo grial de nuestros días: La Felicidad.

No son pocos los  libros de autoayuda, conferencias de gurús y otros medios los  que vienen aconsejando modelos de comportamiento, hábitos y conductas necesarias para conseguir eso que para muchos no es más que la zanahoria al burro, algo totalmente inalcanzable.

No seré yo el que aconseje a nadie de qué debe hacer para lograr tal cometido. El viaje a la felicidad que lo haga cada cual como crea  conveniente, pero sí que me gustaría alertar sobre aquellos que viviendo en un estado de éxtasis, llamados hoy en día como “los motivados” , se atreven a calificar al resto como pesimistas, aburridos, amargados, y que han buscado una palabra excesivamente gruesa para catalogarlos; personas tóxicas.

En la experiencia que me ha dado la madurez, he podido comprobar que se obvia demasiado los aspectos genéticos, digamos que cada uno tenemos nuestra propia química heredada, la cual nos hace reaccionar de diferente forma en situaciones similares.

Podemos tener los mismos zapatos para transitar en la vida, y sin embargo, ir dejando distintas huellas.

Buenas noches.

 

lunes, 18 de abril de 2016

PARECE QUE VOLVEMOS A REIRNOS


A todos nos ha pasado que un gesto, una frase, nos alegra el día.  Hoy me ha pasado a mí, un compañero en calidad de amigo, en el mejor ratito de la mañana, el desayuno, va y dice: “parece que volvemos a reírnos”.

Pues sí, hoy volvimos a reír, y lo hicimos sin olvidar que los últimos meses no habían sido fáciles, que las novedades que se nos revelaban a diario dificultaban las sonrisas.

Desgraciadamente, el grupo se ha visto mermado, unos por decisión propia, otros por decisiones ajenas, aún así el grupo existe y qué más da el número de componentes si la calidad es espectacular.

No más de un equipo de futbito, en muchas ocasiones hasta sin portero. Con eso basta. Cada uno de su padre y de su madre pero todos con muchas ganas de compartir ese ratito mañanero. Historias, algunas verdaderas y otras bastante noveladas, confidencias, inquietudes, pasiones, regados de muchas sonrisas. Y todo por poco más de un euro. Los placeres no siempre, o quizás nunca, fueron caros.

No pocas veces nos vemos observados por miradas que cuestionan esas sonoras carcajadas. ¿Se puede uno reír tanto un lunes a las nueve y media de la mañana?

Espero que lo que hoy ha vuelto venga para quedarse, y muchas gracias por verbalizarlo. A mí me alegraste el día.

 

 

domingo, 17 de abril de 2016

QUE TRISTEZA DE DIARIO ME ESTÁ SALIENDO


Cierto es que ando poco por aquí, y más cierto,  que la forma de andar es poco variada. Ya no sé si tengo un blog o un diario personal. Eso me preocupa poco, más preocupa las sensaciones que deja el mismo; tristeza, melancolía… Vamos, que un  Sábado Santo  lo convierte mi literatura en un par de castañuelas.

Debo confesar que en la intentona de novela-folletín a la que dedico algunos ratitos ya ha habido un intento de suicidio, una traición, una boda no deseada, y la próxima vez que me ponga tengo que sacar algún personaje nuevo porque ya he dado sepultura a dos, y eso que está ambientada en una de las ciudades más alegres del mundo, Sevilla, si la llego a ambientar en las playas de Utha (Normandía)…

Pues no, no soy así y me molestan esas vestiduras. Libro batallas, supongo que como cualquiera, algunas las gano y otras las pierdo. Cuando gano, lo disfruto y punto. Cuando la victoria no es posible, las heridas manan tinta que riegan folios en blanco.

No me gusta ni la chicha ni la limoná, mojar por donde pase no es mi objetivo, quiero más, eso sí, sin molestar, ni exigir, ni empujar.

Prometo enseñar mis dientes. Sin enseñar colmillos solo verás mi sonrisa.